La ansiedad no es solo un sentimiento de preocupación o nerviosismo; es una respuesta automática de tu cerebro cuando percibe una amenaza, ya sea real o imaginaria. En muchas ocasiones, tu propio cerebro genera ansiedad sin que haya un peligro real, lo que puede hacer que te sientas atrapado en un estado de alerta constante.
Si alguna vez te has preguntado «¿por qué siento ansiedad si todo está bien?», aquí te explico cuándo y por qué tu cerebro te hace sentir de esta manera.
1. Cuando tu cerebro interpreta situaciones normales como una amenaza
El cerebro humano está diseñado para protegerte. Su trabajo es detectar peligros y activar mecanismos de defensa cuando es necesario. Sin embargo, en personas con ansiedad, el cerebro tiende a sobreactivar esta respuesta, incluso en situaciones cotidianas.
🔸 Ejemplo: Tienes una presentación en el trabajo o una cita importante, y tu cerebro lo interpreta como una amenaza similar a estar en peligro físico. Esto activa tu sistema nervioso y sientes síntomas de ansiedad (taquicardia, sudoración, inquietud).
2. Cuando tu amígdala está hiperactiva
La amígdala es una pequeña estructura en tu cerebro encargada de procesar el miedo y las emociones. Si tu amígdala está hiperactiva, puede enviar señales de alarma constantemente, incluso cuando no hay motivo real para preocuparse.
🔹 Ejemplo: Escuchas un sonido fuerte y de inmediato sientes una descarga de ansiedad, aunque sea solo una puerta cerrándose de golpe.
3. Cuando tus pensamientos catastróficos desencadenan ansiedad
Los pensamientos juegan un papel clave en la ansiedad. Si constantemente imaginas escenarios negativos, tu cerebro reacciona como si esas situaciones ya estuvieran ocurriendo.
🔸 Ejemplo: Piensas: «¿Y si me enfermo gravemente?» o «¿Y si me equivoco y todos me critican?». Aunque no haya evidencia real de que eso sucederá, tu cerebro activa la misma respuesta de ansiedad que si fuera una amenaza real.
4. Cuando tu cerebro recuerda experiencias pasadas de miedo o estrés
Las experiencias traumáticas o estresantes quedan registradas en tu cerebro. Si en el pasado viviste algo angustiante, tu mente puede asociar situaciones similares con peligro, generando ansiedad incluso cuando la situación actual es diferente.
🔹 Ejemplo: Si en el pasado fallaste en una entrevista de trabajo, tu cerebro puede generar ansiedad cada vez que enfrentas una nueva entrevista, aunque esta vez estés mejor preparado.
5. Cuando tu cuerpo está en estado de estrés crónico
Si llevas mucho tiempo bajo estrés, tu cerebro se acostumbra a funcionar en modo de alerta constante. Esto significa que incluso cuando intentas relajarte, sigues sintiendo ansiedad porque tu sistema nervioso ya está condicionado a mantenerse en tensión.
🔸 Ejemplo: Después de un período de mucho trabajo y estrés, tu ansiedad sigue presente incluso cuando ya no hay motivos de preocupación.
6. Cuando tienes un desequilibrio en neurotransmisores
Los neurotransmisores como la serotonina, dopamina y GABA regulan el estado de ánimo y la sensación de calma. Si hay un desbalance en estas sustancias, tu cerebro puede volverse más propenso a la ansiedad.
🔹 Ejemplo: La falta de serotonina puede hacer que te sientas más ansioso, irritable y con dificultades para relajarte, incluso sin un motivo claro.
7. Cuando tu cerebro responde a hábitos poco saludables
Algunas rutinas diarias pueden aumentar la ansiedad sin que te des cuenta, ya que afectan el equilibrio químico de tu cerebro y tu capacidad para regular el estrés.
🔸 Ejemplo de hábitos que pueden aumentar la ansiedad:
✅ Exceso de cafeína o azúcar, que sobreestimulan el sistema nervioso.
✅ Falta de sueño, lo que hace que el cerebro sea más reactivo al estrés.
✅ Poca actividad física, que reduce la producción de endorfinas (hormonas del bienestar).
✅ Uso excesivo de pantallas y redes sociales, que mantiene al cerebro en estado de sobreestimulación.
8. Cuando tienes ansiedad anticipatoria
La ansiedad anticipatoria ocurre cuando tu cerebro se adelanta a los hechos y asume que algo saldrá mal. En lugar de reaccionar a lo que realmente sucede, tu mente genera estrés por lo que podría ocurrir.
🔹 Ejemplo: Tienes un viaje programado para la próxima semana y, en lugar de emocionarte, tu cerebro empieza a pensar en todo lo que podría salir mal: «¿Y si pierdo el avión?», «¿Y si me enfermo?», «¿Y si me pasa algo en el camino?».
9. Cuando te enfocas demasiado en los síntomas físicos
La ansiedad provoca síntomas físicos como taquicardia, mareos o falta de aire. Si prestas demasiada atención a estos síntomas, puedes entrar en un círculo de miedo, donde te asustas por lo que sientes y eso genera aún más ansiedad.
🔸 Ejemplo: Notas que tu corazón late más rápido y empiezas a preocuparte: «¿Y si es algo grave?». Esa preocupación aumenta la ansiedad y, como resultado, el corazón sigue acelerado, reforzando el miedo.
10. Cuando tu cerebro no ha aprendido a relajarse
Si llevas mucho tiempo sintiendo ansiedad, tu cerebro puede haber perdido la capacidad de relajarse naturalmente. En estos casos, aunque quieras estar tranquilo/a, tu mente sigue generando pensamientos de alerta.
🔹 Ejemplo: Te tomas un día libre para descansar, pero sigues sintiendo inquietud, revisando el teléfono o pensando en lo que tienes que hacer mañana.
¿Cómo puedes entrenar a tu cerebro para reducir la ansiedad?
Si sientes que tu cerebro está atrapado en estos patrones de ansiedad, la buena noticia es que puedes reprogramarlo con las herramientas adecuadas.
📌 En coaching trabajamos en:
✅ Identificar qué está activando tu ansiedad.
✅ Romper los ciclos de pensamientos negativos.
✅ Aprender técnicas para calmar la amígdala y el sistema nervioso.
✅ Implementar hábitos que reduzcan la ansiedad de manera natural.
✅ Reentrenar a tu cerebro para que aprenda a relajarse y recuperar el equilibrio.
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